domingo, 15 de diciembre de 2013

Venturas y desventuras gastronómicas: Brasería/ Pizzeria Flash - Zaragoza

Venturas y desventuras gastronómicas: Brasería/ Pizzeria  Flash - Zaragoza

A lo largo de su vida, una persona visita bares, cafés, restaurantes, hoteles y otros lugares que desearía no haber  puesto pie jamás, en los que no volverías a entrar ni aunque te amordazara un cuerpo de las fuerzas especiales rusas y te arrastraran encañonado al interior,  mientras que otros quedan grabados en tu memoria, cual res marcada al fuego y a los que volverías sin dudarlo en cualquier ocasión.

Uno de éstos lugares, del que guardo un recuerdo particularmente entrañable y nostálgico es la Brasería-Pizzería Flash en la capital aragonesa. Situada cerca del campus San Francisco de la Universidad de Zaragoza, fue pesebre y santuario de mis papilas gustativas durante mis años de universidad.

Un lugar a medio camino entre el bar de ciudad, pequeño y familiar, de caña fría con ración de bravas y bocata de jamón,  pasando por enclave delicioso en el que comer casi diariamente, alcanzando su punto cúlmen como espacio idóneo para cenas de empresa, festejos y eventos de cualquier tipo.

En dicho establecimiento he podido disfrutar de innumerables comidas durante más de dos años de universidad, casi diariamente, sin decepcionarme nunca jamás, con una envidiable relación calidad-precio, una carta amplia y variada capaz de satisfacer los paladares más exigentes, sin caer en lo banal y cutre, pero si pasarme a extremos de pijerío absurdo.

Un lugar que ha sido testigo de comidas a las 3 de la tarde después de 6 horas de clase sin descanso, de comidas rápidas antes de coger un autobús, de cenas inolvidables con amigos, de celebraciones de algunos de los momentos más especiales de mi vida, amoldándose como un guante a cada circunstancia.

Un lugar en el que te sientes como en tu propia casa desde el mismo momento en que cruzas la puerta, en que el día a día te hace sentirte parte de una segunda familia en que desconocidos se convierten en gente que comparte tu vida, tu día a día, tu rutina, tus penurias y alegrías. Gente que sabe cuando necesitas un chupito de orujo y contar tus penas y cuando una copa de sidra de barril que te levante la moral.

Un lugar al que vuelves meses después, y en el que tienes la sensación de que no ha pasado el tiempo,  como reencontrarte con un viejo amigo al que hace años que no ves, con el que compartes un café y unas risas, como si la distancia y el tiempo no hubieran pasado entre vosotros.

Gracias de corazón a Félix, Estefanía, Sofía y el resto del equipo.




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