jueves, 11 de julio de 2013

Una nueva generación de programas: el docu-reality emerge.

Las cadenas de televisión andan siempre a la zaga de nuevas oportunidades de mercado, de nuevos formatos y contenido que lanzar a su público intentando cazar las mayores cotas de audiencia posible, una guerra de porcentajes que lleva a mostrar cualquier cosa en la pequeña pantalla, siempre y cuando encuentre un público dispuesto a verla.

Ante esto, las nuevas cadenas del coloso de las comunicaciones Mediaset España, Energy y Explora, junto a Discovery Max se han lanzado al mercado con una apuesta poco menos que poco ortodoxa, que sin embargo ha sabido hacerse un hueco nada despreciable entre el público, a pesar de ser un formato de televisión norteamericana manido y relamido entre los yankees.

Una mezcla de valor documental, mezclado con sentido del humor y toques de morbo, que convierte algo aparentemente mundano y chabacano en objeto de cuota de pantalla. Abarcando desde la caza y la pesca, pasando por restaurantes de comida rápida, a multas a personas de variado pelaje y condición y terminando por enfermedades extrañas o formas de morir absurdas. Todo vale, mientras genere audiciencia. Lo convencional, lo escondido, lo que antes se consideraría escatológico y se reducía al ámbito de lo privado se ha convertido en objeto de interés. 

Salvando el nada despreciable valor documental de muchos de éstos programas, por su carácter informativo y divulgativo, como en el caso de Monstruos de Río, Cazatesoros, La casa de empeños, Tesoros de Hollywood, Food Factory, por poner algunos ejemplos, muchos otros programas son de auténtica arcada del asco:

Gran Hermano, que supuestamente comenzó como un experimento sociológico, se ha convertido en un circo del ridículo, del fornicio y del putanismo integral, que para más inri, que repite hasta la náusea año tras año.

Un príncipe para Corina, mascarada del absurdo, riéndose de un grupo de personas encasilladas y marcadas por sus características físicas o su personalidad, aprovechando una niña de papá, florero hecho mujer, para hacer un reality asqueante con tintes de supuesto cuento de hadas.

martes, 9 de julio de 2013

El amor en la distancia, ¿realidad o utopía irrealizable?

Hoy en día, con la emergencia de las páginas dedicadas a las relaciones entre personas, de las redes sociales, de los foros y páginas dedicadas a chatear y al intercambio de ideas, surge la pregunta, ¿puede existir una verdadera relación entre dos personas que vivan alejadas entre sí por kilómetros y kilómetros de distancia?. 

Seguramente quienes leáis éstas líneas penséis de formas bien diferentes. He conocido mucha gente que reconoce que serían incapaces de aguantar más de una semana lejos de su pareja, por múltiples razones de lo más variopinto que abarcan desde la falta de sexo que les llevaría a ser infieles a su pareja a los simples celos de que pudiera estar con otra persona, utilizando el manido argumento "ojos que no ven, corazón que no siente". 

Sorprendentemente, muchas parejas hoy día son casos de éxito, a pesar de haberse conocido en internet y de estar alejadas por infinidad de kilómetros, algunas de las cuales, tiempo después se han casado y formado una familia. ¿Cuál es entonces su secreto, cómo lo logran?.

 Para ninguna pareja es fácil en ningún momento tener a la persona amada lejos de si durante un periodo prolongado de tiempo, pero la lejanía enseña a aprovechar más intensamente, a valorar mucho más el tiempo que tienen ocasión de pasar juntos, a esforzarse, día tras día, porque los kilómetros no lleguen a ser un escollo imposible de superar. No existe la monotonía en una pareja obligada a pasar tiempo separados ni las discusiones, pues nunca amargarían el poco tiempo que pueden pasar juntos. Del mismo modo, son parejas que han aprendido a conocer mucho más en profundidad y en un punto más temprano de su relación, adquiriendo un conocimiento mutuo que a otras parejas les pueda tomar años alcanzar.

Una pareja en la distancia tiene que aprender a compensar su ausencia con su cónyuge, buscar formas de combatir la soledad en el día a día, de sentirse un poco más cerca el uno del otro. Si bien en tiempos pasados ésto hubiera sido mucho más difícil, las nuevas tecnologías ponen en manos de las parejas un arma secreta con los kilómetros:

- Facebook: miles de aplicaciones, ocasiones de compartir fotos, regalos virtuales, dedicatorias etc...
- Youtube: ¿qué tal un vídeo romántico?
- Correo electrónico.
- Videoconferencia
- Postales virtuales (Sohan, Gusanito, Sonico...)
- Enviar flores, regalos en momentos inesperados....
- SMS
- Cartas ¿quién dijo que pasaran de moda?

Enamorad@s del mundo, que los kilómetros no puedan con vosotros!

jueves, 4 de julio de 2013

Sexo sin amor, o el dilema del amor sin sexo. Hacer el amor o follar.

 Cada día más asistimos a una liberación del erotismo, de la sexualidad, en la sociedad, en los medios, en las conversaciones, en los hábitos de vida diarios. Lo oculto se muestra a la luz.  De hablar de pecado mortal a pasarlo bien al hacer el amor. Lo prohibido se vuelve morboso y tentador. Las nociones de amor y sexo confunden sus límites. ¿Donde termina el amor y empieza la atracción? ¿No hay límites entre el sexo y el amor? ¿Son ambas dos la misma cosa, o son dos realidades distintas independientes la una de la otra? ¿Puede existir el amor que no camine de la mano con el deseo? ¿Puede el deseo imponerse a los sentimientos?.

Éstas son las preguntas que me han invitado a explayarme en las líneas de ésta entrada. Seguramente quienes leáis éstas líneas tendréis ideas bien diferentes los unos con respecto a los otros, muchos no estaréis de acuerdo con lo que escriba aquí, y quizás otros muchos sí lo estaréis. No considero que nadie pueda ofrecer un punto de vista necesariamente válido al 100 % sobre éste tema pero ahí va el mío.

A mi entender, como perteneciente a una raza supuestamente (y enfatizo supuestamente) racional, me inclino a pensar que, entre las escasas cosas que nos distinguen de nuestros no tan lejanos congéneres en la evolución, las relaciones entre hombres y mujeres no se fundan simplemente en una serie de impulsos biológicos dedicados exclusivamente a la reproducción, a una búsqueda puramente hedonista del placer mutuo, y que, como muchos afirman, el amor, el romanticismo, no sean más que burdas invenciones para dar un aura de pureza, misticismo y sutileza a algo que a su entender se reduce a la búsqueda del placer sexual y de la satisfacción de una mera necesidad biológica.

Triste pensar que lo único que puede unir a dos personas que deciden iniciar una vida juntos y formar una familia se reduzca al hecho de mantener relaciones sexuales con regularidad, y que cuando el sexo falle, lo único que les sustente sea la pura fuerza la costumbre de estar juntos y el miedo a la soledad congénito a la misma especie humana, al envejecer y morir en completa soledad.

A lo largo de mi vida, he conocido a parejas de todas las edades y condiciones sociales. Algunos afirman que no soportarían estar sin su pareja más de una semana, y acto seguido añaden, que buscarían su satisfacción sexual en otra persona pasado ese plazo, sin renunciar por ello a la persona con la que están en ese momento. Otros en cambio, estarían más que dispuestos a pasar el tiempo que fuera necesario para poder estar con su pareja nuevamente, y no refiriéndose exclusivamente a las relaciones sexuales precisamente.

Hay quien considera el sexo algo intrínseco de las relaciones de pareja, otros lo conciben sólo como un medio para la procreación, incluso hay quienes para los cuales el sexo y el amor son dos cosas que no tienen por qué ir de la mano.

Desde mi punto de vista, cada cual es libre de vivir su sexualidad como considere oportuno, siempre y cuando no suponga un sufrimiento para una tercera persona o se convierta en el eje, por no decir única razón de una relación. Ya sea en una pareja heterosexual, en una pareja homosexual o de lesbianas, si todo el interés y lo que sustenta la relación es lo que sucede bajo las sábanas, sinceramente, se están perdiendo mucho, y esperan francamente poco de su pareja si se están limitando a ello.




La generación Youtube: bienvenidos a la locura del partner.

En los últimos meses, la plataforma de subida de vídeos Youtube, perteneciente a la macro-compañía de internet Google, ha ido rebajando cada vez más las exigencias en cuanto a requisitos para unirse al programa para partners. Dicho programa, permite, en términos simples, que cualquier persona con un ordenador personal, conectado a internet, con unos mínimos conocimientos de informática, poner obtener unos ingresos extra por la publicidad que Google incluye en los vídeos.

Ésto ha abierto las puertas a las creaciones más diversas, de las cuales si antes de las facilidades del nuevo partner ya no escaseaba, ahora se ha convertido en una auténtica fiebre creadora. Todo vale, todo sirve, todo puede ser objeto de interés (y de aprovechamiento económico incluso) si se encuentra el público adecuado. No importa lo que hagas, cómo lo hagas, o por qué lo hagas, si encuentras público, todo es posible.

Ésto ha dado lugar a una comunidad de youtubers (personas que suben vídeos a youtube), así llamados en España que día a día va ganando más adeptos. El concepto de subir vídeos a youtube por puro amor al arte, por entretenimiento, por simple hobby, ha quedado relegado a un segundo plano para muchas personas, que han encontrado en el incentivo económico una razón preponderante por la que subir contenidos a la filial de Google.

Ésto lleva que se mezclen en la plataforma producciones dignas de reconocimiento y mención, muy elaboradas, originales y creativas hechas por una reducida minoría, con una masa de vídeos creados con fines puramente comerciales, que desvirtúan el concepto original por el que nació Youtube, con producciones de vídeos industrializados, aprovechando el tirón de cualquier temática de moda, agrupando a jóvenes de tempranas edades entorno a una nueva comunidad de ídolos a los que idolatran y defienden a ultranza, añadiendo los términos de fanboy, fangirl y hater al léxico diario de infinidad de internautas. Youtube se ha convertido en una nueva religión pagana en la que diosecillos de cascos XXL con micrófono exaltan los ánimos y hacen babear a su comunidad de seguidores. Seguidores, que con el renovado partner, buscan emular el éxito de sus idólos con malas imitaciones carentes de originalidad del material que decenas de personas antes que ellos ya ofrecen.

Los youtubers , algunos de ellos con decenas o cientos de miles de suscriptores, se han convertido en nuevos ídolos del siglo XXI, al mismo nivel en que podría haberlo sido el pasado siglo cualquier cantante o actor de moda.

En tiempo de crisis, todo vale para hacer negocio: cuernos contra la crisis

De un tiempo para aquí, cualquiera que dedicara unos minutos a navegar por la red, se habrá visto asediado por infinidad de anuncios de páginas web dedicadas a establecer contactos entre personas, desde simples redes profesionales, a páginas dedicadas a entablar futuras relaciones de amistad o de pareja, incluso, página consagradas a simples encuentros sexuales esporádicos. Imaginación al poder, en un tiempo en que todo vale, y vale todo, las empresas de internet se han avalanzado sobre un filón de negocio creciente.

Al márgen de la imagen desnaturalizada e irreal que éstos sitios puedan ofrecer de las relaciones personales, hay un anuncio emergente en las cadenas de televisión españolas que me ha sacado de mis casillas. Llámenme antiguo si gustan, pero a mi entender, esto rebasa los límites de lo aceptable, se mire como se mire.

Cierta página de contactos, que evitaré mencionar aquí por no hacerles publicidad gratuita inmerecida, amén de la profunda e inmensa repulsión que me provoca, no contenta con abrirse paso en el nicho de mercado sobradamente conocido de las páginas dedicadas a las relaciones personales, ha optado por hacer negocio con la infidelidades, con un eslógan atroz: "la vida es demasiado corta, ten una aventura".

A título personal, diré que me trae totalmente al fresco y que es cosa de cada uno, con quien, como y cuando quiere resolver sus necesidades carnales, y que cada cual es libre de hacer lo que buenamente le parezca, siempre y cuando sea mutuamente consentido y sin hacer mal a nadie. Pero de ahí a presentar las infidelidades como algo aparentemente normal, a poner a las parejas en bandeja de plata el tener ocasión de ser infieles a sus parejas, haciendo para má inri negocio con ello, me parece poco menos que inaceptable.

Cada cual es libre de pensar a éste respecto como prefiera, y no pretendo ofender a nadie ni convencer a nadie de nada, pero ante algo semejante, es imposible estar callado y permanecer impasible. A mi entender el ser infiel a tu pareja es un comportamiento deplorable se mire como se mire, y que lo último que debe hacerse es tomárselo a la ligera como se está haciendo, no sólo a través de páginas como ésta, sino a través de libros, películas, revistas, series de televisión etc.

No encuentro el menor inconveniente en que una persona libre y sin compromiso alguno viva su sexualidad como mejor le convenga, siempre y cuando como digo, no haga daño a nadie, y no veo justificación posible a esa clase de comportamiento a espaldas de su pareja, sean hombres o mujeres, a sabiendas y con perfecta consciencia del daño que pueden provocar a su cónyuge si sus actos se descubren, y a si mismos por la dolorosa ruptura que esto conllevaría.

El mundo de la publicidad y la controversia: la carne manda.

De un tiempo para aquí, las empresas parecen haber optado por romper los cánones y los tabús preestablecidos en la publicidad y optar por formas poco ortodoxas y transgesoras de presentar al público sus productos, levantando oleadas de dimes y diretes entre el público y en los medios. Una sociedad que parecía curada de espantos, liberada mentalmente, y abandonada a un pseudo-progresismo desbocado, se muestra cada vez más recalcitrante y aferrada a sus ideales.

A ojos de éste autor, y sin pretensión de ofender a nadie y de cambiar la forma de pensamiento de ninguno de quienes leáis éste blog, me resulta, poco menos que carcajeante, que antes tales banalidades ciertos sectores de la población se alcen en armas como fieras enfurecidas.

A título personal, no apruebo el uso gratuito de la sexualidad y del desnudo en la publicidad, especialmente en contextos en los que resulta mezclar el tocino con la velocidad. Pongo por ejemplo la todavía reciente campaña de la marca de ropa Desigual. ¿Mezclar la ropa con mujeres deshinbidas sexualmente? ¿Hay alguna relación entre ambas cosas?. Nunca he sido de los que han puesto el grito en el cielo por ver un desnudo en televisión (afortunamente eso quedó aparcado en la España castiza de hace 50 años), pero considero que hay límites.

Salvando la obvia intencionalidad de la campaña publicitaria de Desigual (llamar la atención del público con un anuncio que no pase desaperbicido en la absurda masificación de propaganda con la que la mayoría de las cadenas inflan sus minutos de pantalla, y crear una evidente polémica que no haga más que propagar la presencia de la marca en los medios), brindar, una imágen tal del sector femenino, es hacerle un flaco favor a la marca y a su sector de clientas.  Un modelo de mujer ni-ni, completamente despreocupada y "vivalavirgen" (marca España 100 % de cara al resto del mundo), despreocupada por la fidelidad a su pareja, banalizando el sexo, mofándose de la débil economía de otros paises y reivindicando el lesbianismo. Bonita imagen para la marca señores.

Que el desnudo y el sexo venden no es ninguna novedad (para prueba un botón), y es algo que ha venido viendo en todos los sectores prácticamente desde que el ser humano es ser humano. ¿Explotar un instinto primario de la humanidad? Perfecto. ¿Utilizarlo por que si y para todo? No gracias.