En los últimos meses, la plataforma de subida de vídeos Youtube, perteneciente a la macro-compañía de internet Google, ha ido rebajando cada vez más las exigencias en cuanto a requisitos para unirse al programa para partners. Dicho programa, permite, en términos simples, que cualquier persona con un ordenador personal, conectado a internet, con unos mínimos conocimientos de informática, poner obtener unos ingresos extra por la publicidad que Google incluye en los vídeos.
Ésto ha abierto las puertas a las creaciones más diversas, de las cuales si antes de las facilidades del nuevo partner ya no escaseaba, ahora se ha convertido en una auténtica fiebre creadora. Todo vale, todo sirve, todo puede ser objeto de interés (y de aprovechamiento económico incluso) si se encuentra el público adecuado. No importa lo que hagas, cómo lo hagas, o por qué lo hagas, si encuentras público, todo es posible.
Ésto ha dado lugar a una comunidad de youtubers (personas que suben vídeos a youtube), así llamados en España que día a día va ganando más adeptos. El concepto de subir vídeos a youtube por puro amor al arte, por entretenimiento, por simple hobby, ha quedado relegado a un segundo plano para muchas personas, que han encontrado en el incentivo económico una razón preponderante por la que subir contenidos a la filial de Google.
Ésto lleva que se mezclen en la plataforma producciones dignas de reconocimiento y mención, muy elaboradas, originales y creativas hechas por una reducida minoría, con una masa de vídeos creados con fines puramente comerciales, que desvirtúan el concepto original por el que nació Youtube, con producciones de vídeos industrializados, aprovechando el tirón de cualquier temática de moda, agrupando a jóvenes de tempranas edades entorno a una nueva comunidad de ídolos a los que idolatran y defienden a ultranza, añadiendo los términos de fanboy, fangirl y hater al léxico diario de infinidad de internautas. Youtube se ha convertido en una nueva religión pagana en la que diosecillos de cascos XXL con micrófono exaltan los ánimos y hacen babear a su comunidad de seguidores. Seguidores, que con el renovado partner, buscan emular el éxito de sus idólos con malas imitaciones carentes de originalidad del material que decenas de personas antes que ellos ya ofrecen.
Los youtubers , algunos de ellos con decenas o cientos de miles de suscriptores, se han convertido en nuevos ídolos del siglo XXI, al mismo nivel en que podría haberlo sido el pasado siglo cualquier cantante o actor de moda.
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